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JUAN 5
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rogaron que se quedara en la aldea. Así que Jesús se quedó dos días, 41 tiempo
suficiente para que muchos más escucharan su mensaje y creyeran. 42 Luego le
dijeron a la mujer: «Ahora creemos, no solo por lo que tú nos dijiste, sino porque lo hemos oído en persona. Ahora sabemos que él es realmente el Salvador
del mundo».
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Jesús sana al hijo de un funcionario
43 Pasados los dos días, Jesús siguió camino a Galilea. 44 Él mismo había declarado que un profeta no recibe honra en su propio pueblo. 45 Sin embargo, los
galileos lo recibieron bien, porque habían estado en Jerusalén durante la celebración de la Pascua y habían visto todo lo que él hizo allí.
46 En su paso por Galilea, Jesús llegó a Caná, donde había convertido el agua
en vino. Cerca de allí, en Capernaúm, había un funcionario de gobierno que
tenía un hijo muy enfermo. 47 Cuando supo que Jesús había ido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que se dirigiera a Capernaúm para sanar a su hijo, quien
estaba al borde de la muerte.
48 Jesús le preguntó:
—¿Acaso nunca van a creer en mí a menos que vean señales milagrosas y
maravillas?
49 —Señor, por favor —suplicó el funcionario—, ven ahora mismo, antes de
que mi hijito se muera.
50 Entonces Jesús le dijo:
—Vuelve a tu casa. ¡Tu hijo vivirá!
Y el hombre creyó lo que Jesús le dijo y emprendió el regreso a su casa.
51 Mientras el funcionario iba en camino, algunos de sus sirvientes salieron
a su encuentro con la noticia de que su hijo estaba vivo y sano. 52 Él les preguntó a
qué hora el niño había comenzado a mejorar, y ellos le contestaron: «Ayer, a la una
de la tarde, ¡la fiebre de pronto se le fue!». 53 Entonces el padre se dio cuenta de
que la sanidad había ocurrido en el mismo instante en que Jesús le había dicho:
«Tu hijo vivirá». Y tanto él como todos los de su casa creyeron en Jesús. 54 Esa fue
la segunda señal milagrosa que hizo Jesús en Galilea al volver de Judea.
Jesús sana a un hombre cojo
Después Jesús regresó a Jerusalén para la celebración de uno de los días
sagrados de los judíos. 2 Dentro de la ciudad, cerca de la puerta de las Ovejas, se encontraba el estanque de Betesda,* que tenía cinco pórticos cubiertos.
3 Una multitud de enfermos —ciegos, cojos, paralíticos— estaban tendidos en
los pórticos.* 5 Uno de ellos era un hombre que hacía treinta y ocho años que
estaba enfermo. 6 Cuando Jesús lo vio y supo que hacía tanto que padecía la
enfermedad, le preguntó:
—¿Te gustaría recuperar la salud?
7 —Es que no puedo, señor —contestó el enfermo—, porque no tengo a nadie
que me meta en el estanque cuando se agita el agua. Siempre alguien llega
antes que yo.
8 Jesús le dijo:
—¡Ponte de pie, toma tu camilla y anda!
9 ¡Al instante, el hombre quedó sano! Enrolló la camilla, ¡y comenzó a caminar! Pero ese milagro sucedió el día de descanso, 10 así que los líderes judíos
protestaron. Le dijeron al hombre que había sido sanado:
—¡No puedes trabajar el día de descanso! ¡La ley no te permite cargar esa
camilla!
11 Pero él respondió:
—El hombre que me sanó me dijo: “Toma tu camilla y anda”.
5
5:2 Otros manuscritos dicen Bet-zata; incluso otros dicen Betsaida. 5:3 Algunos manuscritos amplían
el versículo 3 y agregan el versículo 4: esperando un determinado movimiento del agua, 4porque un ángel
del Señor descendía de vez en cuando y agitaba el agua. Y la primera persona que se metía en el agua
después de que se agitara quedaba sana de cualquier enfermedad que tuviera.